Top 10 cambios normativos en sostenibilidad que tu empresa debería tener en el radar en 2026

Hablar de sostenibilidad empresarial ya no es hablar solo de medioambiente, emisiones o reporting. Cada vez más, también es hablar de igualdad, diversidad, transparencia, derechos humanos, buen gobierno, comunicación responsable e incluso del uso ético de la inteligencia artificial. Y, por supuesto, de cómo todo eso impacta en la forma en la que una empresa se relaciona con las personas, con su plantilla, con la comunidad y con su acción social.

Si trabajas en sostenibilidad, RSE, impacto social o voluntariado corporativo, seguro que ya estás notando que el marco normativo se está moviendo rápido. Ya no se trata solo de “cumplir”, también se trata de entender qué te están pidiendo estas normas y cómo pueden ayudarte a hacer las cosas mejor, con más coherencia, más trazabilidad y más impacto. Esa es también una de las ideas centrales del informe de Pacto Mundial de la ONU España, ver la regulación no solo como obligación, sino como una oportunidad para transformar tu empresa y fortalecer la relación con tus grupos de interés.

Aquí va un repaso claro y aterrizado a los diez cambios normativos que más conviene tener presentes este año, según el documento de Pacto Mundial.

1. Canal de denuncias y protección del informante

La Ley 2/2023 obliga a las empresas de 50 o más personas trabajadoras a contar con un canal interno de información, es decir, un canal ético o canal de denuncias, que permita comunicar infracciones de forma confidencial, incluso anónima. Además, exige que exista una persona responsable del sistema y que haya plazos claros de gestión y respuesta. ¿Por qué importa esto en RSE y acción social? Porque una empresa que quiere hablar de impacto social también tiene que demostrar que cuida su gobernanza, que escucha, que protege y que actúa ante posibles malas prácticas.

2. Transparencia salarial

La Directiva (UE) 2023/970 refuerza la igualdad retributiva entre mujeres y hombres y obliga a avanzar en transparencia salarial. Entre otras cosas, recoge que las personas candidatas deben poder conocer el salario o la banda retributiva del puesto, y que las personas trabajadoras podrán solicitar información sobre niveles retributivos desglosados por sexo. Además, las empresas de mayor tamaño deberán informar sobre su brecha salarial de género. Si una empresa quiere proyectar compromiso social hacia fuera, también necesita revisar si está siendo justa y transparente hacia dentro.

3. Representación paritaria en la toma de decisiones

La Ley Orgánica 2/2024 de representación paritaria busca garantizar una presencia equilibrada de mujeres y hombres en consejos de administración y alta dirección. En concreto, fija como referencia una presencia mínima del 40% del sexo menos representado y obliga a informar sobre ello. Puede parecer una cuestión muy corporativa, pero tiene mucho que ver con impacto social. Porque la sostenibilidad no va solo de qué proyectos apoyas, sino también de quién decide, desde qué mirada y con qué criterios se construye la estrategia de la empresa.

4. Medidas LGTBI en la empresa

El Real Decreto 1026/2024 obliga a las empresas de más de 50 personas empleadas a contar con un conjunto planificado de medidas para garantizar la igualdad y no discriminación de las personas LGTBI. A su vez, estas medidas deben incluir un protocolo específico frente al acoso y la violencia. Porque muchas empresas llevan años hablando de diversidad e inclusión, pero ahora toca convertir ese compromiso en medidas negociadas, procedimientos claros y entornos laborales realmente seguros. Lo que influye también en cómo se diseña la participación de la plantilla en actividades sociales o de voluntariado; si quieres movilizar personas, primero tienes que asegurar espacios inclusivos.

5. Diligencia debida en sostenibilidad

La Directiva europea sobre diligencia debida en sostenibilidad, la conocida CSDDD, pone el foco en la responsabilidad de las empresas sobre los impactos adversos en derechos humanos y medioambiente que pueden producirse no solo en sus propias operaciones, sino también en su cadena de actividades. La norma habla de identificar, prevenir, mitigar, reparar y hacer seguimiento de esos impactos.

Obliga a mirar más allá del proyecto inspirador o la memoria anual. Las preguntas pasan a ser otras: ¿cómo se comporta tu empresa con proveedores, socios, territorios y comunidades? ¿Dónde están los riesgos y cómo los estás gestionando?

6. Huella de carbono y planes de reducción

El Real Decreto 214/2025 crea el registro de huella de carbono y obliga a determinadas empresas a calcular, al menos, sus emisiones de alcance 1 y 2, además de elaborar y publicar un plan de reducción con objetivos concretos.

Aunque esta norma parezca más ambiental, también tiene una lectura muy RSE. Cada vez más, las empresas están conectando su acción climática con su impacto social, con ámbitos como salud, resiliencia, pobreza energética, empleo verde, educación ambiental o voluntariado corporativo vinculado al entorno. Ya no son mundos separados.

7. Deforestación y cadena de suministro

El Reglamento (UE) 2023/1115, conocido como EUDR, establece condiciones para comercializar o exportar determinados productos vinculados a materias primas como cacao, café, soja, madera, caucho, palma aceitera o ganado bovino. La exigencia principal es que esos productos deben estar libres de deforestación, cumplir la legislación del país de producción y contar con una declaración de diligencia debida.

Tal vez no todas las empresas se sientan interpeladas de primeras, pero esta norma establece un factora fundamental y es que la sostenibilidad ya no se mide solo por lo que dices o por las actividades sociales que organizas, sino también por toda la cadena de valor que sostienes.

8. Greenwashing

La Directiva (UE) 2024/825, orientada a empoderar a las personas consumidoras para la transición ecológica, pone el foco en las prácticas engañosas relacionadas con sostenibilidad. Habla de afirmaciones medioambientales engañosas, distintivos poco transparentes, obsolescencia temprana e información poco clara sobre características sociales o ambientales de productos y servicios.

Esto toca de lleno a los equipos de sostenibilidad, comunicación y acción social. Porque contar bien lo que haces importa, pero sobredimensionarlo, adornarlo o no poder demostrarlo puede jugar muy en contra. Y, por supuesto, esto también aplica a campañas de voluntariado corporativo, acciones solidarias o colaboraciones con ONG. Ahora comunicar con honestidad ya no es solo una buena práctica, también es una necesidad.

9. Reglamento de Inteligencia Artificial

El Reglamento (UE) 2024/1689 establece normas armonizadas sobre inteligencia artificial y distingue entre distintos niveles de riesgo, con obligaciones mayores a medida que aumenta ese riesgo. El texto pone el acento en la protección de derechos, la supervisión humana, la transparencia y la fiabilidad de los sistemas.

Porque cada vez más empresas están utilizando IA en selección, comunicación, atención a personas, análisis de datos o relación con grupos de interés. Y si una organización quiere ser socialmente responsable, también tiene que preguntarse cómo usa esa tecnología, con qué sesgos, con qué controles y con qué impacto en las personas.

10. CSRD

La CSRD, la directiva europea sobre presentación de información de sostenibilidad, es uno de los grandes cambios del marco actual. Exige que las empresas informen de forma mucho más completa sobre su modelo de negocio, sus objetivos, sus políticas, sus riesgos, su diligencia debida y sus impactos en cuestiones de sostenibilidad. Además, incorpora la doble materialidad y la verificación externa de la información.

Ya no basta con contar cuántas personas participaron en una actividad o cuántas horas de voluntariado se hicieron. Cada vez se va a pedir más calidad en los datos, más conexión con la estrategia, más evidencia de impacto y más claridad sobre cómo contribuyen estas iniciativas al negocio y a la sociedad.

Entonces, ¿qué significa todo esto para una empresa que trabaja la RSE de forma seria?

Significa que la sostenibilidad se está volviendo más transversal, más exigente y también más concreta. Ya no vive solo en un informe, en una campaña o en un día destacado. Ahora afecta a la gobernanza, el talento, la diversidad, la comunicación, la cadena de suministro, la tecnología y la forma de relacionarse con la sociedad.

Y eso, en el fondo, es una buena noticia, aunque pueda parecer abrumador de primeras. Porque para las empresas que llevan tiempo apostando por la acción social, el impacto positivo o el voluntariado corporativo, este nuevo contexto también puede ser una oportunidad para hacer mejor las cosas con más coherencia, más estructura y más credibilidad.

La clave no está en intentar abarcarlo todo de golpe, sino en hacerse las preguntas adecuadas como: qué te aplica ya, qué necesitas revisar, qué evidencias tienes, qué riesgos no estás mirando todavía y cómo conectar mejor tu compromiso social con la realidad de tu empresa.

Porque hoy, hablar de sostenibilidad empresarial también es hablar de personas, de derechos, de inclusión, de ética y de impacto social real. Y no solo hablar, sino actuar de manera responsable apostando por un futuro sostenible.

Si todos estos cambios te ha pillado desprevenido o no sabes cómo aplicarlos en tu plan de acción social, desde Fundación Hazloposible te damos apoyo, ¡contáctanos y te contamos!

Nota de transparencia: Este artículo ha sido redactado con el apoyo de ChatGPT, revisado y editado por el equipo de Hazloposible para asegurar que refleja nuestra misión y valores.

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